El tren y el futuro

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  • El tren fue todo un símbolo y un motor en los tiempos de la revolución industrial. La unión del carbón y el hierro gestaron este medio de comunicación, que fue capaz de marcar una época y de matizar su mundo y su futuro. Su crecimiento estuvo directamente ligado al progreso. Fue capaz de transportar personas, materiales, capitales e ideas de un modo eficaz. Su paso por un paisaje dejaba una estela de novedad y de esperanzas, y su humo, en vez de contaminar, era una estela de modernismo, progreso, ilusiones, futuro… En Vélez-Málaga nos unimos a aquella modernidad ferroviaria en los primeros años del siglo XX, cuando una empresa, "Ferrocarriles Suburbanos S.A." instaló una conexión entre Málaga y Vélez-Málaga y, años después, entre Vélez-Málaga y Ventas de Zafarraya.
    El día que llegó el tren al municipio, el 8 de enero de 1908, la ocasión fue saludada con música y cohetes. Una muchedumbre inmensa, compuesta en su mayoría por familias veleñas, llenaba los andenes. Nos cuenta la prensa de la época que allí estaban las damas de Herraiz, Valle, Collantes, Gutiérrez, Perales, Moreno, Martínez, Timonet, Gómez, Bourman y otras. Entre las autoridades asistieron don Francisco Gómez Bellido, alcalde de Vélez, don Francisco de Paula Sola, juez de instrucción, don José Bascán, abogado, don Adolfo Martínez, médico de Torre del Mar, don Manuel Martínez, administrador del ingenio de Torre del Mar, don Ricardo Alcames, capitán de la Guardia Civil, don Rafael Martínez, teniente de carabineros, don Manuel Montoro, dueño de la fonda de Vélez, el párroco de Torre del Mar, el depositario del Ayuntameinto, el jefe de la aduana, el cura de la Viñuela, etc, etc. Todo un acontecimiento. El tren venía adornado para la ocasión. Ya en el puente de Almayate se hizo una parada para efectuar la foto de rigor que ha pasado a la historia. Sus viajeros se bajaron y pudieron observar el verde valle veleño, la hermosa luminosidad de aquel día de invierno, y lo próxima que estaba ya Torre del Mar. La llegada fue emocionante. Era más que la llegada de un tren. Con él se acercaba la modernidad, el progreso, la esperanza en el futuro que tanto había sido dañado por la terrible plaga de la filoxera.
    Todo fue una gran fiesta. Poco hacía suponer, entonces, que medio siglo después aquel hermoso tren perdería la ilusión y las posibilidades de sobrevivir. El tiempo, los papeles, los desacuerdos con la administración, las dos guerras mundiales, y la civil española, cambiaron sustancialmente los objetivos empresariales y todo quedó en un intento a la mitad fallido, hasta que, tras los estudios pertinentes para levantar las vías de Vélez, se decidió torpemente acabar con el tren.
    De nada sirvió que el viejo vehículo a vapor fuese reconvertido por un moderno automotor diesel. El nuevo tipo de tren traía importantes y valiosas novedades, como mayor velocidad, más cuidado con el medio ambiente, más facilidad para hacer paradas… Pero la compañía ferroviaria estaba tocada de muerte. No hubo manera de que el viejo tren continuara prestando su servicio hacia la Axarquía, y un triste día de 1968 tuvo que hacer su último viaje. Allí quedaron los raíles, las estaciones, los recuerdos. Sesenta años después de su puesta en marcha, el ilusionante proyecto de comienzos del siglo XX había derrapado, descarrilado, muerto…
    ¿Perdimos el tren? Esa ha sido una de las preguntas más recurrentes que he oído en mis años de juventud y madurez en Vélez-Málaga. Perder el tren es llegar tarde. Es un símbolo de no estar atento a lo que nos interesa, a lo que nos conviene. Perder el tren es, también, quedarse sin el moderno medio de transporte que tantos anhelos despertó en casi todo el mundo en los dos últimos siglos. Perder el tren es, mismamente, quedarse anclados en el pasado, perdidos en una vieja estación desde donde ya no avanzamos con dirección a ningún sitio.
    Con la perspectiva del tranvía Vélez-Torre del Mar, que aún está en sus comienzos, y que, en un futuro, más o menos lejano, pretende conectar hasta Málaga, se nos vienen aires nuevos a una realidad entristecida.
    El tren no es el pasado, sino el futuro. Así ocurre en las zonas más avanzadas del mundo. A pesar de que en Vélez-Málaga la vieja estación, los recuerdos, las fotografías, etc. nos adviertan que nuestro tren se marchó, se han reconvertido los tiempos con el nuevo tranvía. Aquí, al menos, las modernas unidades ecológicas nos han devuelto algo de la vieja tradición de raíles, vagones, traqueteo…
    Cuando en unos meses la segunda fase del tranvía se ponga en marcha, volveremos a ver a los grupos de gente que desde el tradicional Niza se encaminan a la "estación". Como hace un siglo, como fue costumbre durante sesenta años de la centuria pasada. El trayecto es más corto, y, quizás, las ilusiones más mermadas; pero de nuevo partirán las personas, las ideas, las ilusiones, por los viejos raíles tras la degustación de un café. No lo olvidemos, "el tren no es el pasado, sino el futuro". No perdamos también este tren. ¡Menuda Historia!

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