El ocaso de las ideologías

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  • Terminaron las Elecciones municipales y autonómicas (no todas) con el abrumador descalabro del Partido Socialista y el aplastante triunfo del Partido Popular, de todo lo cual hemos sido debidamente informados por los medios de comunicación, así como de las circunstancias de provisionalidad en que quedan algunas Alcaldías, por los posibles pactos que puedan realizarse cuando no existen mayorías absolutas, pactos que para mí y mucha gente tienen cierto "tufillo" de antidemocracia, al no respetarse la ética de la lista más votada por ninguno de los partidos participantes, pero eso es lo que hay, nos guste o no.
    Lo que sí está quedando evidenciado, es que las distintas ideologías antaño tan diferenciadas (sobre todo en sus versiones más radicalizadas) han entrado afortunadamente, en una fase civilizada de tibieza democrática, que las hace concebir y proponer al electorado programáticas ofertas similares, en las que abundan sugerentes y atractivas promesas encaminadas a ilusionar a los ciudadanos de toda condición y procedencia social.
    Aunque, como el pueblo no es tonto (aunque suele haber de todo) y los políticos tampoco, se han dado cuenta de que a estas alturas, Carlos Marx ni Mussolini o el monstruo de Hitler y sus arios delirios de raza superior, ni Mao Tse Tun ni los cubanos hermanos Castro ni tantos otros personajes y sus ideales (con toda la consideración y respeto que, a cada cual pueden merecerle los mismos) van a influir en esta sociedad del siglo XXI y sus circunstancias tan radicalmente distintas a las que ellos han protagonizado y les tocó vivir. Porque es ésta de ahora una sociedad apolitizada de bienestar y consumo que salvando lamentables excepciones, siempre latentes, ha priorizado trabajo, vivienda, coche, electrodomésticos, etc, es decir, mejora del nivel de vida en todos sus aspectos, sobre antiguos y románticos cantos de sirena, tan sugerentes en aquellas épocas anteriores plagadas de necesidades, explotación e injusticias sociales de todo tipo (lamentablemente no del todo erradicadas aún) y que la historia en su inexorable caminar ha ido evidenciando su carácter esencialmente utópico al tratar de incorporarlas a la cruda realidad de la condición humana, sus egoísmos y debilidades. Y es lamentable y doloroso tener que reconocerlo así, porque en aquellos caminos reivindicativos quedaron rociadas y abatidas las ilusiones de muchas buenas gentes irredentas que soñaban con un mundo mejor, más justo y solidario.
    Y así ahora podemos contemplar como Rusia y China, los dos colosos simbólicos y emblemáticos de esos sueños idealistas de otrora, se van incorporando a esta sociedad moderna, prosaica y consumista, en un ansia febril de competitividad industrial y comercial, con el anteriormente tan denostado mundo capitalista, es decir, están buscando por esos otros caminos menos idealizados, los mismos objetivos anteriormente buscados con reivindicaciones revolucionarias. Esperemos, pues, que la lección electoral y las multitudinarias ‘acampadas’ reivindicativas protagonizadas en estos días por el pueblo soberano a su clase política, sirvan para propiciar una digna disposición respetuosa hacia la ciudadanía, en la que el primer equilibrio, la justicia, la solidaridad y la protección hacia los más necesitados, esos millones de parados que están sufriendo y pagando indebida e injustamente una crisis que ellos no provocaron.

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