Pérez Galdós y Federico Vahey

  • Don Benito Pérez Galdós, autor de los famosos AEpisodios Nacionales@, es, a no dudar, una de las glorias de la literatura española del siglo XIX. A él se debe, entre otras cosas, el ser el restaurador de la novela española, de la genuina y auténtica novela española. Nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1843 y murió en Madrid en 1920. En sus setenta y siete años de vida nos dejó un legado de gran valor para conocer las esencias de España, y poco, o nada, de lo que somos y de porqué lo somos, quedó sin su roce o su mirada.
    De niño en la escuela, y más tarde en el instituto, cuando estudiaba bachillerato, ya mostraba una gran afición a las artes, especialmente a la pintura y a la música. Bien es verdad que, también desde el principio, gustaba de escribir poemas e, incluso, una obra teatral; pero no se decantó por la pluma hasta bastante después. En 1862 se trasladó a Madrid donde cursó la carrera de Derecho, licenciándose en 1869. Por aquella época entró en contacto con los círculos liberales de la capital de España, mostrándose entusiasta de la Revolución de 1868. Colaboró en ALa Nación@ (1865), AEl Debate@(1868), la ARevista de España@ (1871), ALa Ilustración de Madrid@ (1872) …, y en 1897 ingresó en la Real Academia Española.
    Aunque nunca sintió verdadera vocación por la política fue diputado liberal. Más tarde fue evolucionando hacia el socialismo, manteniendo cordiales relaciones con Pablo Iglesias y encabezando en 1907 la candidatura republicano-socialista por Madrid.
    La obra literaria de don Benito es un fiel reflejo de la realidad española del siglo XIX, resultando como un gran retrato social que nos informa minuciosamente de los acontecimientos sociales, políticos y culturales de la época. Sus novelas más famosas fueron ALa fontana de oro@(1868), AEl audaz: historia de un radical de antaño@ (1871), ADoña Perfecta@ (1876), AGloria@ (1877), AMarianela@ (1878), ALa desheredada@ (1881), etc., etc. Pero su gran obra fueron ALos Episodios Nacionales@, que inicia con dos primeras series (1873-1879) de diez volúmenes cada una, y reanuda en 1898 con tres series más que ven la luz entre 1898 y 1913.
    Gracias al sabio consejo de nuestro amigo Eduardo Pardo – el estomatólogo amante de los libros al que me he referido en alguna otra ocasión – al indagar en los AEpisodios nacionales@ hemos detectado curiosas referencias a axárquicos de la época, algunas de gran valor. Galdós hace especiales alusiones de Federico Vahey y de Joaquín Blake…
    Dado del espacio de que se dispone en una columna periodística, nos vamos a referir, exclusivamente, a una referencia de extrema curiosidad que hace don Benito Pérez Galdós del ilustre veleño Federico Vahey, aquel que fuese Ministro de Gracia y Justicia, y al que considera Galdós uno de los hombre más chistosos y ocurrentes que había conocido. Después de indicarnos que Vahey era un diputado inseparable del popular Pepe García Fajardo, nos relata así, detalladamente, uno de sus encuentros en el Congreso:
    A…Allí me encontré a mi caro amigo Federico Vahey, diputado por Vélez-Málaga, el hombre de mejor sombra de este Congreso, el que con sus oportunidades y agudezas ameniza las somnolientas páginas del ADiario de las Sesiones@, y sentándome con él, en un diván excéntrico, pasamos revista al nutrido personal de periodistas y diputados que allí bullía. Después de apurar graciosos comentarios de aquel vano tumulto, y de trazar con fácil palabra retratos breves de este y el otro, díjome Vahey que lleva una exacta estadística de los representantes del país que gastan peluca, los cuales no son menos de diecisiete. Con disimulo me los designa en los grupos próximos, sin cuidado en los distantes, para que yo aprecie la variedad de color y estilo de aquellos capilares artefactos, que tapan calvas venerables. La primera peluca que me hace constar es la de don Pascual Madoz, rubia y con ricitos, como las que las beatas suelen poner a San Rafael o al Ángel de la Guarda; veo y examino después la del señor Maresch y Ros, diputado por Barcelona, excelente persona, de notoria honradez y trato muy afable, mas de un gusto marcadamente catalán en la disposición de sus pelos postizos. Muy bien hecha y ajustada, hasta parecer cabellera de verdad, es la falsa de Martínez Davalillo, representante de santa Coloma de Farnés; pero no puedo decir lo mismo de la del señor don Joaquín López Mora, de un gris polvoroso, y con bucles que parecen serpientes; ni merece mejor crítica la del señor Ruiz Cermeño, representante de Arévalo, que parece de hojas secas. Pero después de bien vistas y examinadas todas, asignamos el primer premio de fealdad a las que ostentan los hermanos Ainat y Funes, el uno diputado por Pego, el otro no sé por dónde, las cuales, sobre ser mayores que el natural, imitan en su bermeja, color, tirando a rucia, las greñas del león viejo del Retiro. Ved aquí en lo que nos entreteníamos dos descuidados padres de la patria, novel el uno, corrido y desengañado el otro…@ Curioso, ¿verdad? ¡Menuda Historia!

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