Restricciones económicas

  • Comenzaré mi intervención sobre este
    delicado tema, no pudiendo menos que
    reconocer, cívica y sensatamente, la
    actual crisis económica que gravita
    muy especialmente sobre la Comunidad
    Europea y su moneda el euro, de
    todo lo cual nuestro país forma parte;
    porque se trata de una situación cuya
    gravedad es de obligado cumplimiento
    enfrentar urgentemente por parte de
    todos, países y ciudadanos, aceptando,
    disciplinadamente esos sacrificios
    que se están legislando por parte de
    los respectivos gobiernos, aún conscientes
    de la impopularidad y del coste
    político que suelen conllevar estas
    medidas restrictivas económicas, pese
    a su justificada necesidad.
    Pero… hecha esta razonada consideración,
    he de añadir, en justo equilibrio,
    que también es de especial, un
    muy obligado cumplimiento por los
    gobiernos (dada su coparticipación en
    la gravedad de la situación) por la gran
    parte que les corresponden de esos
    sacrificios que ahora solicitan de los
    ciudadanos porque hay que reconocer-
    tienen que reconocer-que ellos suelen
    disfrutar unos espléndidos sueldos,
    gastos y otros dispendios; prebendas
    cuyo mantenimiento sería de
    una flagrante injusticia mantener. Y
    lo aclararemos con algunos significativos
    ejemplos que suelen estar en boca
    de la ciudadanía y de los medios de
    comunicación:
    Es conocida la abundancia de Ministerios,
    Delegaciones y Subdelegaciones,
    Direcciones y Subdirecciones,
    etc.… duplicidades agravadas y producidas
    también, lógicamente, por la
    existencia de nuestro constitucional
    sistema de Autonomías, desembocando
    todo ello, en multitud de funcionariado,
    asesores, vehículos y conductores,
    viajes, nóminas y suplementos,
    dietas y un largo etcétera que
    contrasta con esas reducciones que
    afectarán probablemente… seguramente
    (digan lo que digan) más que a
    los poderosamente económicos (que
    también), a los más débiles y a esas
    anunciadas deducciones y congelaciones
    tan elementales como los son
    los salarios y pensiones, los subsidios
    familiares por nacimiento, las ayudas
    a la dependencia y otras de parecida
    índole humanitaria; circunstancias que,
    en nuestro país como es evidente, no
    son equiparables con las mejores que
    se disfrutan en esa Europa que nos
    integra, restricciones que ellos soportarán
    mucho mejor que nuestras
    modestas economías.
    Ante dicha realidad nacional, esperemos,
    confiados, en que la prudencia,
    el sentido común (que dicen es el
    menos común de los sentidos) y la solidaridad,
    predominen en las decisiones
    de nuestros gobernantes y que esos
    sacrificios solicitados puedan ser aceptados
    resignadamente por la ciudadanía
    sin esas "sangrantes" excepciones
    que siempre suelen desembocar
    en el iracundo malestar de los pueblos,
    manifestándose en huelgas y disturbios
    (como ya lo estamos conociendo,
    muy significativamente, en Grecia,
    con parecida problemática a la
    nuestra). Respuesta premonitoria que
    ya están anunciando, amenazantes sindicatos
    y algún que otro partido político.
    Escarmentemos en "cabeza ajena"
    porque ya lo aconseja nuestro sabio
    refranero con aquello de: "cuando las
    barbas de tu vecino veas

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