La Casa de Cervantes

  • Que la "Casa de Cervantes" de Vélez-Málaga no es el lugar exacto donde se hospedó el ilustre autor del Quijote cuando estuvo en la ciudad es algo hace largo tiempo conocido. La verdad de ello es que el ayuntamiento veleño de la segunda mitad del siglo pasado, en 1970, parece que, con un criterio acertado, compró la casa más vistosa y mejor conservada de las que se encontraban en las inmediaciones del histórico lugar, tratando de "vincular" físicamente al más prestigioso escritor de lengua castellana con nuestra capital de la Axarquía. Y ello, repito, creo que fue un acierto de intención, de visión, y de gestión.
    Y es que, según creo – aunque no estoy seguro – la primera vez que aparece en un libro impreso el nombre de nuestra ciudad fue, precisamente, en "El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha", el más grande de los libros escritos en lengua castellana, cuya primera edición se produjo en Madrid, en 1605. Todavía no se hablaba de "España", cosa que surgirá durante el reinado de Felipe IV. Aquellas bellas palabras, que tanto hemos oído los veleños, y que tan hermosamente suenan en nuestros oídos, es, a no dudar, la mejor carta de presentación de la ciudad, que, afortunadamente, nos han brindado los tiempos: "¡Gracias sean dadas a Dios, señores, que a tan buena parte nos ha conducido, porque, si yo no me engaño, la tierra que pisamos es la de Vélez-Málaga!". Millones de lectores a lo largo de cuatro siglos han pronunciado el nombre de nuestra tierra, unido al sentimiento hermoso de que hay que agradecer a los cielos el haber podido llegar a ella, dado que es una muy "buena parte" a donde llegar.
    Hasta en seis ocasiones el autor del Quijote nombra a Vélez-Málaga en la magna obra. Asimismo, en "Los trabajos de Persiles y Segismunda" también se cita a la capital de Axarquía. Y es que don Miguel, que conocía nuestro bello rincón del mundo por haber sido aquí recaudador de impuestos, no pudo por menos que recordar su estancia axárquica con profusión y alegría.
    Siempre sentí, desde pequeño, un cierto dolor de que no se ligara más a Vélez con el autor del Quijote. Cervantes es todo un "patrimonio" para quienes han tenido la suerte de ser bendecidos por sus palabras. Al menos siempre lo sentí así. Por eso me alegré tanto de muchacho cuando el ayuntamiento adquirió la "Casa de Cervantes" con el objetivo de que se recordara el paso del ilustre literato por nuestro rincón del sur.
    Mi querido amigo Martín Galán urdió una hermosa trama para crear la imagen de que Cervantes se hospedó en la casa de la familia Enríquez, la que adquirió el ayuntamiento. Y Antonio Jiménez, con su edición de "El Capitán Cautivo", continuó la labor. Yo mismo, en la época en que fue concejal de turismo Manuel Puertas, le hice un escrito en el que le sugería que a la entrada de la ciudad se pusiera una inscripción que dijera: "¡Viajero, no pases de largo, alégrate y, como Cervantes, da gracias al cielo que a tan buena parte te ha conducido!" No tuve suerte con la propuesta. Años después, siendo concejal de urbanismo Miguel Delgado, reiteré la proposición y, aunque fue cuidadosamente atendida, siguió el mismo camino que en el caso precedente.
    La llegada de la escultura de Cervantes a las puertas del palacio de Beniel fue una bendición. Un hermoso y acertado paso adelante en el camino que comentamos. Bella escultura, bella idea, bella intención, y oportuno lugar, convertido en casa de cultura a todos los efectos.
    Vélez-Málaga está saldando su distancia con el autor del Quijote. Alguna vez he dicho que es una pena que una calle tan céntrica como es la calle Canalejas, no se hubiese llamado "Calle Miguel de Cervantes", cuyos méritos con Vélez-Málaga son patentes y evidentes, frente al político gallego, que nada tuvo que ver con esta tierra, salvo la de haber sido presidente del gobierno de "todo el país".
    Habría que seguir dando pasitos de aproximación al binomio Cervantes y Vélez-Málaga. Y convencernos de que el más grande escritor de todos los tiempos también es patrimonio de nuestra tierra, formando parte de nuestro acerbo cultural, como ocurre ya con María Zambrano, Juan Breva, Joaquín Lobato, Evaristo Guerra… Miguel de Cervantes también es algo nuestro, puede serlo, debe serlo. ¡Menuda Historia!

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