Una bella promesa piadosa

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  • En tiempos en los que la promesa no es precisamente un valor seguro, uno de nuestros artistas más conocidos rompe con esa premisa y lo hace a golpe de pincel, con la destreza y el amor por el detalle que le caracterizan. Hace más de 50 años, un pequeño mozalbete veleño, apasionado del pincel, recorría, cesta del pan en mano, la calle Las Tiendas, la que le vio nacer y crecer perfumado con el intenso olor de los mendrugos de la tienda de su padre. Un día, con apenas 15 años, se detuvo frente al Camarín de la Piedad y pidió algo a la Virgen. “Virgencita, virgencita”, le espetó desde su lugar de mortal, “ayúdame, dame salud para que me conozca al menos Vélez como pintor”. Hoy, Evaristo Guerra es célebre no solo en su pueblo, sino en toda España. Voluntad divina o no, décadas después, con 40 años sosteniendo en su espalda el peso de la imagen mariana, decidió ‘pagar’ su suerte representando plásticamente en las paredes del Camarín de la Piedad un gigantesco mural con la recreación simbólica de la Pasión de Cristo.
    El manantial artístico de Guerra nace de aquello que nos humaniza: el corazón. Y de ahí, precisamente, emana su idea original. “A mi madre le gustaba mucho la Piedad, entonces, cuando murió, le prometí que, mientras tuviera fuerza de voluntad, sacaría a la Virgen a hombros, y después de la suerte que he tenido en la vida, me dije que debajo de esta Virgen que tanto me había ayudado tenía que hacer alguna cosa. Se lo dije a la Archicofradía y les pareció una buena idea”. El mural cubre de abajo a arriba todo el Camarín desde la cruz de ‘El Rico’, que sujeta el personaje diseñado por Evaristo de Simón de Cirene, hasta el habitáculo superior donde descansa la Piedad. 8 personajes conforman la Pasión de Evaristo: el citado Simón de Cirene, dos pueblerinos junto a él, San Juan Evangelista y Santiago y las tres Marías; Verónica (con el detalle del paño sucio tras limpiar el sudor a Jesús), Piedad y María de Cleofé. El magnífico entorno natural de olivos característico de Guerra preside al fondo esta escenificación, con un ingenioso ‘guiño’ a Vélez-Málaga, el Castillo. La obra de Evaristo unirá las tallas de ‘El Rico’ y la Piedad a través de su pincel personal e inconfundible.
    Hace un lustro que nació la ‘criatura’, tras el beneplácito de la Junta de Gobierno de la Arcicofradía. Sin embargo, la salud le fue esquiva. “Cuando acabé las pinturas del Cerro tuve que posponerlo por la operación de riñón, pero ahora que me he recuperado tenía claro que lo primero que haría es acabar este mural, fue una promesa a la Virgen”, comentó a este Diario en la mañana de ayer, en que tuvimos la oportunidad de compartir un rato con él y su pintura. El artista celoso de su arte no se pone fechas, y Evaristo Guerra lo es. “La mente es muy rápida, pero el trabajo después no lo es tanto”. Objetivo: Semana Santa 2012. A ello dedicará el verano.

    Proyectos
    “Llevo desde 1995 sin exponer en Madrid, una exposición antológica. El año pasado estuve en Málaga, y he reservado en noviembre de 2013 en calle Serrano de la capital, pero primero tengo que acabar este mural”. Sus paisajes, “un puñado de la Axarquía”, en el corazón de Madrid. Para no perdérselo. No se olvida de los jóvenes: “Mucha paciencia delante del pincel y paleta en mano”.

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