Psicoeducación paliativa frente al sufrimiento

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  • La cruda realidad de una persona con esquizofrenia golpea con dureza y sin miramientos el ambiente familiar, con una violencia que, en muchos de los casos, llega a desestabilizar de tal manera el núcleo que lo convierte en un entorno radicalmente distinto. La convivencia se ve azotada hasta tal punto que se convierte, en muchos de los casos, en un auténtico infierno. Según nos cuentan Francisco Aragón, enfermero de Salud Mental, y Paqui Fernández, trabajadora social, la naturaleza sorpresiva de esta enfermedad dificulta muy mucho su tratamiento. Los brotes esquizofrénicos son incontrolables y tan solo una actuación preventiva, psicoeducadora, permite un mejor afrontamiento del problema.
    Aragón y Fernández pusieron en marcha el pasado martes 14 de junio, junto a otros profesionales, un Programa de Psicoeducación para familiares de pacientes, destinado, precisamente, a ahondar en las diferentes herramientas y aplicaciones prácticas para combatir una dolencia cuya manifestación puede atenuarse con intervenciones terapéuticas, acometidas en el marco del Proceso Asistencial Integrado de Trastorno Mental Grave. Este programa de acción forma parte de la cartera de servicios que deben ofrecer las Unidades de Salud Mental Comunitaria.

    Sesiones
    El martes pudimos asistir a una de estas sesiones, en el centro de salud de Vélez-Sur, para familiares de personas que padecen algún Trastorno Mental Grave, topándonos frontalmente con una realidad, la de los familiares, tal y como destacamos anteriormente, muy sacudida por una problemática severa. No obtante, la psicoeducación revela “un alto grado de efectividad en la mejoría de la calidad de vida tanto de pacientes cómo de sus familiares o cuidadores”, relata Francisco Aragón, que conduce un total de 6 sesiones quincenales de 3 horas de duración, destinadas a un grupo de entre 15 y 20 familiares de distintos puntos de la Axarquía, como Torrox, Frigiliana o el propio Vélez-Málaga. “Se trata de charlas participativas y abiertas, con exposición de contenidos” (mediante material multimedia), reseña Paqui Fernández, que precisa en la importancia de abrir un foro donde cada usuario pueda expresar sus puntos de vista y sensaciones y fomentar el intercambio de experiencias. “La idea es resolver dudas para enfrentarse a cualquier dificultad”, explica la trabajadora social.

  • El estigma
    Inseguridad, desasosiego y resignación. El estado de ánimo de la mayoría de los familiares revela estas líneas de comportamiento, la preocupación les embarga y esto, en muchos casos, es inevitable que degenere en un alto grado de insatisfacción personal. Un hermano o un hijo con esta enfermedad te cambian la vida, el comportamiento anti social no es más que una respuesta al entorno, aquel que, en buen número de casos, estigmatiza a los enfermos y a los familiares por algo que les ha tocado vivir. “El estigma es clave”, insisten una y otra vez los especialistas, sin embargo, considera Francisco Aragón que “la información y el conocimiento incrementan la tolerancia de los familiares y reducen los conflictos, mejorando la dinámica familiar y aminorando el riesgo de recaídas”. Enfermeros, psiquiatras, psicólogos y trabajadores sociales trabajan conjuntamente en el Programa de Psicoeducación, dirigido a Asociaciones de Familiares de pacientes (AFENEAX).

    Entorno hostil
    No es fácil afrontar el problema, y mucho menos transmitirlo. La presencia de medios de comunicación dispara sus alertas. “¿Si tuvieras un hijo con este problema lo contarías públicamente?”, cuestiona uno de los presentes. En la otra vertiente están los que estiman necesario proyectar hacia el exterior su situación. “Asisto para informarme de como va esto, de los centros que prestan ayuda, y animo a las personas que estén en esta situación a que acudan”, indica Natividad Molina. Idéntico motivo es el de Carlos Lopera, que quiere “adquirir formación, saber en cada momento que hay que hacer y evitar esta cortina de dudas”, además, valora esta sesión como “un intercambio de opiniones en el que nos ayudamos unos a otros”.
    A los problemas de interacción social se suman serias dificultades de acceso laboral. “Mi marido lleva años de un sitio para otro, pero no le dan una oportunidad”, relata Natividad. “Mi hijo tiene 31 años y siempre es bueno aprender algo más. Llevo 16 años con esto y no es duro, es durísimo”, narra Antonio Román. Algunos familiares llevan toda la vida conviviendo con algo que no han elegido. El hermano de una de las asistentes tiene 58 años y se dieron cuenta de la enfermedad tras el servicio militar.

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