Madrileña con un poco de corazón en Vélez-Málaga

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  • “Vélez es para mí un rincón grande de mi corazón”. Loli Martín reside en la capital de España desde hace más de 40 años, asegura que “amo Madrid”, pero esta frase, a modo de sentencia, desvela a las claras la carga de emociones que tiene su tierra para ella. Es más, esto es algo que ha transmitido casi por ciencia infusa a sus hijos, Marcos y Javier, que dieron sus primeros pasos en Madrid, pero que desde un principio se sintieron atraídos por la calidad de vida de la Costa del Sol. “Marcos vive en Rincón y Javier en Vélez, les encanta aquello”, afirma Loli Martín, de voz jovial y desenfadada, y que rezuma el carácter típico andaluz.
    Veleña de zona céntrica, más céntrica no puede ser vamos. Nació en calle Canalejas junto a sus cuatro hermanos: Francisco, Antonio, Jerónimo e Isabel. “Siempre hemos sido una familia muy unida”. Como debe ser. Sólo ostenta recuerdos positivos de su más tierna infancia, incluso, afirma que “estaba muy mimada”, pero nada malo hay en ello. Pasaba los ratos junto a Paquita, su amiga de siempre, hija de inmigrantes procedentes del Norte que regentaban una tienda de embutidos, y a la que hoy tiene muy cerquita. “Es mi vecina aquí en Madrid, estoy encantada”.
    Ahí no queda su larga lista de amigas, que asistieron junto a ella al que hoy es el colegio San José, por entonces “del Sagrado Corazón”. Estaba María Luisa Piédrola o Pilar (“su padre era guardia”). “Cuando salíamos del colegio nos íbamos a dar una vuelta al paseo”, recuerda con nostalgia Loli, una mujer verdaderamente activa. Lo mismo bailaba con los coros y danzas que jugaba al balón volea, en definitiva, “andurreaba mucho por la calle”. Estuvo, de hecho, en la Sección Femenina, y “fui de excursión con 9 años a un campamento de Torremolinos”. ¡Qué padre más bueno tenía Loli! Ese era Jeromo, muy conocido en Vélez-Málaga, ya que “tenía los primeros taxis del municipio”, incluso, “enseñó a mi madre, Dolores, a conducir”.
    Lo cierto es que, como así reconoce Loli, eso de los libros no era lo suyo, “me cansé pronto y le dije a mi madre que quería coser”, lo que la llevó al Sige, donde aprendió a bordar con Conchi Fernández. Después de estar en una oficina se marchó a Madrid a estudiar Peluquería, de eso hace más de 40 años, “tenía 18 y no paraba quieta”. Tras acabar sus estudios puso una peluquería en calle Reñidero. “Venían todas las mujeres de Vélez”, rememora. Era un establecimiento con estilo, ya que “solía ir mucho a Madrid a ver las tendencias”. Precisamente, en uno de esos viajes conoció al que hoy es su marido, un apuesto capitalino llamado Jacinto que “era muy guapo, aunque bajito”. Nos cuenta Loli una graciosa anécdota: “Él se prendó de mí, yo al principio lo veía guapo, pero claro, era bajito, por lo que si teníamos hijos pues saldrían enanos”, narra, pero al final, como dice la canción, ‘triunfó el amor’. Fruto de ello nacieron Marcos y Javier, que “se vinieron a la Axarquía porque para ellos esto era calidad de vida”.
    Pero Madrid es la capital, y Loli se considera una “enamorada” de esta ciudad. Le preguntamos si quiere volver a Vélez y es contundente. “Madrid es Madrid, me encanta y tengo todo lo que me gusta. Cine, teatro…”, de hecho, se ha visto todas las obras en los últimos meses. Aunque Vélez sigue estando ahí, “hemos comprado un apartamento en la avenida Toré Toré de Torre del Mar”, y, por supuesto, “tengo allí a mis hijos y mi nieta”. Si que es una familia unida si.

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