
Con el verano mostrando sus primeras ráfagas importantes de calor, comienzan las anheladas rebajas para los ciudadanos, que ven como los distintos productos rebajan su precio y se presenta la gran oportunidad para llenar el fondo de armario no ya sólo de cara a la etapa estival, sino con vistas a la aparición posterior del otoño y el frío. En lo que respecta a la época veraniega, los comercios se llenan de clientes que persiguen una idea muy clara, adquirir prendas ligeras y ropa de baño para hacer frente al incremento considerable de las temperaturas, algo que se hace más evidente en los meses de julio y agosto. Por ello, la estampa más repetida desde ayer 1 de julio es la de establecimientos repletos hasta la bandera en los que el usuario regatea hasta el último céntimo para conseguir el equipo completo para el verano. Sin embargo, la nueva realidad es un receso en las ventas como consecuencia de la desaceleración económica. Las circunstancias en los hogares son más austeras, y esto acaba repercutiendo en una menor inversión por parte de los clientes.