En este país, al que Óscar Pollito Pérez le gusta llamar el “Estado español”, hay una gran cultura y tradición por las colas. En Vélez, por supuesto, también las hay, no en vano nuestra ciudad pertenece al territorio malagueño, que a su vez, como muy bien diría El Pollito, pertenece a la nación andaluza y ésta, aunque no se lo crean, pertenece al Estado español. No hay ningún acto público que se precie que no tenga su cola. Aunque estén los porteros, acomodadores preparados, etc, etc...siempre se espera para que haya una cola e, incluso, no se abre hasta que los organizadores no entran en el llamado orgasmo de la cola, que no es más que la gran satisfacción que produce ver a la tropa uno tras otro. En Vélez-Málaga hay una gran cola que está triunfando sobremanera: es la cola de las ayudas del IBI. Los veleños van contentos. Primero porque es una cola y, segundo, porque allí reparten los dineros a mansalva. Cuando salen de la cola la cara es bien distinta y la alegría se transforma en absoluta decepción. En los anuncios que Hierrezuelo confecciona para engañar a la opinión pública (ya les contaremos cosas de Hierrezuelo) todo es fenomenal. El IBI está equilibrado. Cuando las criaturas llegan al mostrador empiezan a preguntar: ¿Y la cochera? No, le contestan, la cochera no tiene ayuda. ¿Cómo?...Tan sólo hay ayuda dónde viva usted. ¿Y el local que tenemos para cuando mi niña termine la carrera? Tampoco. ¿Y la cochera de mi hijo? Tampoco. ¿Y el piso de la Torre? Tampoco. La cara con la que salen es todo un poema. En el mes de julio a más de uno se le va quitar las ganas de haber montado estas colas.