Mi amigo Andrés siempre comenta que la Iglesia Católica mejorará manifiestamente el día que vuelva a las Catacumbas. No se trata de volver a las cuevas y escondrijos que utilizaron los primeros cristianos ante las persecuciones romanas. Se refiere a salir del nacional-catolicismo, de la Iglesia del cumplo y miento y del cristianismo cultural y de conveniencias para volver a las comunidades del estilo de las de los primeros cristianos. Algo así sustenta el Cardenal Martini en un extraordinario artículo publicado en el País del 25 de mayo.
La sociedad nos está ayudando mucho en esa tarea. Hoy en día, no es políticamente correcto ser cristiano. Lo que está bien visto es creer en otras cosas: el tarot, los videntes, las religiones exóticas, los gurus políticos, Maradona y Ronaldinho, Los Lakers y Nadal, etc.
Los "cómicos" del momento -esos tipos que basan sus gracias en reírse de los demás, siguiendo el ancestral ejemplo de aquellos que no tienen nada que aportar, esos que "crucifican" al que no quiere defenderse, al tonto de la reunión, al simple o al inocente-, manifiestan su "talento" basándose en la mofa personal. Esa "demostración de arte" consigue una risotada, cuando no un exabrupto, de los que son como ellos. Jamás consiguen la sonrisa que nace de divertirse con los demás.
Programas del tipo CQC, -importado de Argentina-, son imitados, cuando no, directamente copiados. Su estructura es sencilla. Te buscas a alguien conocido y le sueltas una barbaridad. El agredido, sorprendido y desorientado, ante la obligación de quedar bien ante las cámaras, hace de tripas corazón y se traga el sapo.
El último espabilado, es un guionista de Buenafuente que decidió un día dar un paso al frente y ponerse al otro lado de las cámaras. Cuando sea mayor y tenga nietos, si algún día los tiene, les dirá: yo de joven era Follonero. ¡Y bien que hacía honor a su nombre! Su última hazaña ha sido realizar un programita para mostrar al mundo lo que para él es la Iglesia Católica. En su primera entrega se introdujo en medios Vaticanos y de la Iglesia Española dando la nota, fastidiando a todo el mundo y haciendo gracietas que culminaron con la entrega al Papa de la guitarrita de su obra sublime: el Chiquilicuatre.