
Rincón y Souviron se cuentan sus secretos de Estado. Gloria Méndez-Trelles
La oposición crea hábitos distintos. Juan Herrera, ¡qué felicidad!, ha dejado su tradicional y elegante selección de trajes para mejor ocasión. Ahora luce ropa de proletario total. Un chaleco rojo, sin mangas (como el propio nombre de chaleco dice), eso sí, rojo, como el propio nombre de PSOE dice y dispuesto, como siempre, a dejar algún apunte para la historia.
Ayer decía, casi a punto de expirar el Pleno: “He salido a mear y he perdido el norte de lo que aquí se ha dicho, creo que han hablado de uno que cobra 3.000 euros. Los cobra o los cobraba porque lo hacía todo muy bien y fuera de su horario”. Menos mal.
Aunque claro, puestos ya a enterarnos de cosas supimos que “a los viejos les encanta contar los coches que pasan por la Avenida Vivar Téllez”. Carmela sabe muy bien del gusto de los viejos. Nosotros, a partir de ahora, no sólo contaremos ovejas al dormir, sino también contaremos los viejos que a su vez cuentan los coches que pasan por la avenida. ¡Es una injusticia que los bancos estén al revés!
En medio de tanta alegría, nos extrañó los nervios y el mal humor de Salvador Marín Fernández. Nada más comenzar, cabreao tela, nos enseñó su nueva imagen política: defendió la familia, la heráldica, llamó malnacido a los que cambian de apellidos, pero eso sí, sin decir por qué. Media hora después llamaba a Sánchez Toré, Sánchez Dragó y Sánchez Larousse. Un malnacido, vamos.
Souviron comenzó dando una lección de separación de bienes, ¿por quién lo dirá? ¿quién se ha separado y no sabía que tenía separación de bienes? ¿o acaso no se ha separado todavía?
Marín Fernández seguía muy nervioso, interrumpía para pedir ir a rezar a las ermitas de las vírgenes, cosa que no nos extraña dado sus nuevos hábitos políticos. Lo que si provocaba extrañeza era los nervios con los que actuaba. ¿Qué le pasa a Marín Fernández? ¿Por qué interrumpía ayer a todo el que hablaba?
Una cosa tenemos clara: si Souviron nos receta ibuprofeno, aunque no sepamos para lo qué es, nos lo tomaremos sin rechistar. Con el currículum que tiene el gachón, Severo Ochoa y Ramón y Cajal se quedan hechos unos curanderos que curan culebrinas y a los que se le aparecen la Virgen de Fátima y venden pócimas para la calvicie en verano.
Pero ayer nos enteramos de muchas más cosas. Por ejemplo, de la afición de Manolo Rincón a firmar papeles para que lo mismo se puedan vender calcetines en el Paseo Marítimo que jugar al bingo a un euro el cartón en Triana.
Decepciones también las hubo. Arrieta apenas si habla y nos deja con mal sabor de boca. No obstante, dejó algunas perlas para la posteridad cuando hablaba de su ejército. Es decir, de la Policía Local. Tiene una especie de CIA particular. Se entera de lo que pasa en la Policía por dos vías distintas, aunque eso sí, no se debe de enterar muy bien pues decía que parecía ser que algún policía tenía celos de otros, como los gatos en febrero.
Eso sí, nos anunciaba con el apoyo de Manolo Rincón, que podíamos tener polícia a caballo, como en Marbella. A la vez se comprometía a dar información a los concejales, pero que públicamente no le pidieran esta información.
Los secretos de Estado pueden poner los vellos de punta. Ahora, ponerse bien bien los vellos de punta, fue cuando los ciudadanos vieron a Morales de alcalde. “¡Tremendo, tremendo!”, que diría Bonilla.