
Imagen de Raúlo Cáceres.
¿Cuándo comenzó su afición por los cómics?
Desde muy chiquitín. Mi hermano mayor, que también se dedica a la historieta, era muy aficionado a los cómics y mi casa siempre estaba llena de tebeos que yo leía de rebote.
¿Recuerda el primer cómic que pintó?
Recuerdo haber dibujado páginas de cómic con bolígrafo bic azul en libretas cuadriculadas cuando tenía 6 años. Creo que aún guardo alguna por ahí. Eran historietas muy primitivas, se diría que rupestres, sobre superhéroes marvelianos o que yo me inventaba. Ya con más edad dibujé en unos cudernillos "Esputo Sangriento y su feroz acompañamiento", la historia de un punky y su pandilla, personajes que había diseñado otro de mis hermanos. En esa época escuchábamos grupos como Siniestro Total o La Polla Records, una eterna fuente de inspiración.
¿Y el que publicó?
Mis primeras historietas propiamente dichas (es decir, entintadas con pincel y plumilla sobre cartulina basic) las publiqué en algunos fanzines de amigos aficionados al cómic. Estas primeras experiencias fueron muy enriquecedoras y un campo de pruebas. Ya profesionalmente, mi primera publicación fue "Elizabeth Bathory", una serie para la revista mensual de cómic porno Wetcomix, en 1998. Esta serie porno-vampírica que mezclaba gore, mitología, vampirismo, satanismo, sadismo y sexo extremo, concluyó con 21 capítulos.
¿Sabría decirme cuántos cómics ha realizado en todo este tiempo?
Tras "Elizabeth Bathory" publiqué otras series, como "Cuentos Mórbidos", relatos que mezclaban porno y misterios diversos, como mitología, leyendas urbanas, criptozoología o las posesiones satánicas. "Justine y Juliette" fue la adaptación a cómic de las dos novelas del Marqués de Sade, todo un catálogo de fetichismos y sexo enfermizo, cuya trama evidenciaba el absurdo de la preservación de la virtud a toda costa. Si Rousseau decía que el hombre era bueno y la sociedad lo corrompía, Sade postulaba que el hombre era malo por naturaleza y la sociedad lo reprimía. Más tarde trabajé para la revista del mismo gremio Eroscomix, con la serie mistérica "Aguas Calientes", un viaje iniciático hacia la sacralidad femenina y los rituales sexuales paganos. Y finalmente realicé algunos cuentos sueltos bajo el título "Sexotérica". Tras publicar y reeditar mis series en España y EEUU, dejé el género pornográfico y empecé a trabajar con la editorial americana independiente Avatar Press, donde colaboré en diversos proyectos como dibujante: "Belladonna #0" con guión de Brian Pulido, "2001 Maniacs" de Tim Sullivan, precuela para cómic de la celebérrima película gore de culto, "Crecy" de Warren Ellis, cómic histórico sobre una de las batallas más importantes de la Guerra de los Cien Años, "Gravel", de Warren Ellis, sobre un soldado con poderes mágicos, y diversas portadas para series como "Doctor Sleepless" o "Lady Death".
¿Con cuál de todos se quedaría?
Con Aguas Calintes, mi obra más personal y de la que estoy más satisfecho a nivel gráfico, argumental, sexual y espiritual.
Hábleme de su último trabajo Aguas Calientes
Esta serie está protagonizada por Melania Ricius, una sexóloga jungiana que viaja al pueblo hurdano de Aguas Calientes para investigar una extraña epidemia sexual que está asolando a los aldeanos de la zona. Tras el descubrimiento de un cadáver con el tatuaje de una cara en el pubis, la doctora Ricius irá retirando los velos (y las bragas) del misterio que encierra el pueblo. Cultos paganos, vírgenes negras, luminarias y leyendas hurdanas (el Macho Lanú, el Duende Entiznau, el Tío del Bronci) se dan cita en esta historia donde los arquetipos del inconsciente colectivo toman forma y fornican sin cesar. Si "Elizabeth Bathory" era presentada como el arquetipo femenino es su versión más negativa y oscura, en "Aguas Calientes" se enfoca el arquetipo femenino desde la óptica positiva, de la Diosa Madre de los cultos precristianos, fuente de vida y salud, la mujer primigenia, antes de que fuera sometida por el falo redentor del cristianismo.
¿Está siendo acogido como esperaba?
Sí. Al ser una obra extrema y extraña he recibido comentarios tanto favorables y críticos, pero lo bueno es que no suele dejar indiferente a nadie. Ha sido considerada una historia de argumento demasiado denso y barroca gráficamente, pero precisamente por esos pecados es por los que llama la atención y ha sido también valorada.
En una palabra, Aguas Calientes es…
Bueno, te lo dejaré en dos palabras: "Pornografía Sagrada".
Y su trabajo Bathory ¿cómo es?
Elizabeth Bathory es un personaje inspirado en la condesa húngara del mismo nombre que existió realmente y que fue condenada por desangrar a unas 650 muchachas para bañarse en su sangre con el fin de recuperar la juventud. Pero mi recreación, aunque parte de la histórica condesa, se convierte es el máximo exponente del vampirismo femenino, englobando a varios arquetipos vampíricos, como la gola (devoradora de cadáveres), el súcubo (ladrona de semen), y la famosa Lilith (la madre frustrada asesina de bebés). En Bathory busqué el sincretismo de muy diversas leyendas de vampiros y otros mitos periféricos, como el hombre lobo, las brujas y la magia negra.
En general, ¿cómo definiría su estilo?
Mi estilo gráfico se caracteriza por un entintado extremista y agresivo, con claroscuros muy marcados. También sufro de un agudo horror vacui, por lo que lleno toda la página de detalles. Compositivamente me gusta la experimentación y suelo diseñar montajes de viñetas que incremente o resalte el tema de la escena. Unas veces las composiciones son dinámicas en las escenas de acción o incluso simbólicas, llegando a convertirse la página en pentagramas o iconos esotéricos.
Le vinculan mucho con el porno… ¿Eso es bueno o malo?
A ver, yo me declaro pornófilo, pero mi grito de guerra es "otra pornografía es posible". Los comics que he realizado en su totalidad (guión, dibujo y diseño) y en los que he podido expresarme con total libertad han sido pornográficos, por lo que puede decirse que la pornografía es algo inherente a mi creatividad, aunque no descarto otros géneros (de hecho, mis trabajos para Avatar han girado en torno a otros temas: cincia ficción, terror, fantasía, épica). No temo al encasillamiento, y soy consciente de que el porno es un género con mala fama, pero que todo el mundo consume en la sombra y con una sola mano. Para mí el porno es un tema más con el que hacer arte y trato de elaborar comics que tengan una estética cuidada y un argumento elaborado. Se puede hacer arte con el semen y la sangre.
¿Por qué se centra más en el cómics pornográfico?
Hay historias que sólo pueden llevarse a sus últimas consecuencias en este género. Si se le quitara el aspecto pornográfico ya no funcionarían del mismo modo.
Cómics y pornografía…¿buena combinación?
Comics y cualquier tema combinan perfectamente si se realizan como Dios (bueno más bien el Diablo) manda. El porno para mí es un tema más, tan válido como otro cualquiera con el que trabajar. No confundamos el contenido con el continente.
¿Sus trabajos son para adultos o para niños?
Mis trabajos son para adultos y no para todos los adultos. Los platos de mi carta no son apropiados para todos los estómagos.
¿Cómo es su público y a quién dirige sus trabajos?
Yo mezclo en mis obras todo lo que me apasiona y que consumo con gusto: misterio, esoterismo, satanismo, religiones, paganismo, historia, mitología, folclore, leyendas, psicología, gore, terror, ciencia ficción, black metal, rol, y por supuesto, porno. Resumiendo, mis cómics podrían gustarle a quien aprecie lo bizarro y aún sientan fascinación por lo misterioso.
Dibujante, ilustraciones, fotografía y comics…¿con qué se siente mejor?
Con el cómic. La ilustración es un trabajo mercenario que está bien económicamente, pero uno se siente más cómodo luchando en su propia guerra. La fotografía es sólo una afición. Me lo paso muy bien juntando a mis amigos y haciendo sesiones frikis de temática gótica.
¿Se puede vivir sólo del cómic?
Se puede sobrevivir. Yo combino el cómic con la ilustración y no me va mal.
¿Cómo calificaría esta profesión actualmente?
Una locura y una profesión de alto riesgo. Hay que andarse con una mano delante y otra detrás y ponerse siempre el condón del contrato cuando vamos a la cama con los editores.