La buena noticia
Manolo Montes

Hoy no ha muerto un hombre más

Los telediarios se convierten muchos días en recopilación de sucesos, muertos, heridos y agredidos varios. Es más, nos anticipan a plazo fijo, como si de una espada de Damocles se tratase, del número de personas que van a dejar su vida en las carreteras españolas en los días de Semana Santa u otras fechas señaladas.
Estos últimos días se ha planteado un debate entre las fuerzas políticas, judiciales y mediáticas, que ha trascendido a la opinión pública. Se trata del cambio de situación penitenciaria del interno De Juana Chaos. Como ya va siendo habitual desgraciadamente, España se ha vuelto a dividir en dos posturas, los que aprueban la decisión del gobierno y los que la reprueban en su totalidad. Como siempre, las dos actitudes se han defendido de forma furibunda por "ambos bandos".
A uno, que lo tiene "calado" como católico "contrito y confeso", le hacen preguntas aviesas como le hacías a Jesús en su día, cuando no tuvo mas remedio que contestar a un pesado "A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César". Como, obviamente, no soy Jesús de Nazareth, voy a responder a mi leal saber y entender. Y empiezo preguntándome: ¿Ciertamente el Gobierno ha tomado la decisión por un sentimiento humanitario o porque no quieren crear un héroe y que la situación se les vaya de las manos? Los que piensan lo contrario, ¿lo hacen por un sentimiento de justicia o por un mal entendido ojo por ojo y diente por diente?
Entiendo perfectamente el sentimiento de indignación de los afectados por los asesinatos de ese individuo, que por otra parte se ha ganado sobradamente los epítetos que le podamos atribuir. Estimo que es un grave peligro para la sociedad y que con seguridad no debería ser excarcelado jamás, salvo que garantizara su arrepentimiento. Pero de ahí a que nos alegrásemos de su muerte y brindásemos por ella (¿a que me suena esa frase?), va un paso que diferencia a los animales de los seres humanos. Pienso que este hombre debe vivir mucho tiempo, pero privado de sus derechos y su libertad, para que le de tiempo a curar su mente enferma y aprenda a arrepentirse. Como decía Confucio "Aprende a vivir para saber morir", que yo traduciría: aprende a vivir como un ser humano para morir con dignidad.
Desde el amor a los demás, deseo que este hombre no esté jamás en una libertad que le permita hacer daño a los demás. Pero hoy me alegro de que no haya muerto un ser humano más. Esta es mi buena noticia de hoy. Supongo que a partir de ahora los políticos defiendan "por humanidad" todas las vidas. Cuando los sentimientos se hacen selectivos… malo.