La buena noticia
Manolo Montes

Una imagen alternativa

Hace no muchos años, un periodista deportivo famoso por su vehemencia, definía la misión del comunicador como de "notario de la realidad". Un notario es un "funcionario público que da fe de los contratos y demás actos extrajudiciales". Me parece excesivo comparar el maravilloso desempeño del oficio periodístico con el trabajo de un funcionario público que da fe de unos hechos, pero por ahí va la cosa.
Al notario hay que hacerle presente en el momento de la consumación del hecho. El periodista escribe libremente de lo que le apetece. Tiene la opción de reflejar parte de una realidad y, a veces, presenta una visión muy parcial cuando no tendenciosa de la misma. Al periodista no le llama nadie. Pasa por allí o va ex profeso en busca de la noticia.
Todo el rollo anteriormente expresado, viene a cuento de la proliferación de noticias que llaman la atención del comunicador con referencia a la actuación de personas pertenecientes al clero con mayor o menor categoría. Y cada día nos despachamos con noticias de las que sus tristes protagonistas son integrantes del clero.
A mí lo que me molesta es que no se resalte y a veces ni se mencione la participación de miembros de la Iglesia Católica en actividades al servicio de los más marginados de la tierra. Misioneros, sacerdotes y seglares, están dejando su salud, su tiempo, y hasta su vida, en ayudar a los demás sin distinción de raza, sexo o religión.
Hoy voy a contar un hecho que presencié el pasado sábado desde mi coche mientras estaba parado ante un semáforo en la Cruz de Humilladero. En los escalones de acceso a la Parroquia de la Asunción, un hombre estaba tirado en el suelo y era rodeado por varias personas, Una de ellas, la que estaba arrodillada junto a él, mientras le sostenía la cabeza, era un sacerdote. Lo pude identificar sin gran esfuerzo. Un hombre bastante joven vestido con un alba blanca y una casulla del mismo color con un adorno rojo. De "durse". Vaya, que se veía a lo lejos. Se trataba del oficiante de un Bautizo, que al ser avisado del hecho, decidió no comenzar la ceremonia hasta atender al hombre del que finalmente se descubrió que estaba bastante "perjudicado" por el alcohol. Su idioma, procedente de los países del Este dificultaba su expresión. El sacerdote en cuestión, cuando dejó en manos de una patrulla de la Policía Municipal al enfermo, volvió a las OTRAS actividades de su oficio.
Este sencillo hecho puede parecerles una tontería. A mí, me ha emocionado. Este cura ha entendido y puesto en práctica la enseñanza de la parábola del Buen Samaritano. No voy a insistir con la misma. Si la desconocen, es un buen momento para leerla. Por otra parte, pienso que el cura de la Asunción es un buen tipo. A mí esas actitudes me presentan una imagen alternativa de la Iglesia.