

La buena noticia
Manolo Montes
Agua para la Zafra boliviana
Definitivamente conocemos poco y mal Sudamérica. Ya no digo Hispanoamérica ni siquiera Latinoamérica, hace tiempo que hemos renunciado a esos conceptos. Cuando éramos pequeños, en la Enciclopedia Álvarez encontrábamos todos los países Hispanoamericanos y concursábamos en clase para determinar si conocíamos sus capitales, las mismas que recitábamos sin dudar.
En estos tiempos, ni siquiera sabemos eso. Si no tienen futbolistas de clase a los que convertir en ‘oriundos’, pasamos olímpicamente de ellos. Intuimos que lo pasan mal, que la deuda externa y las multinacionales ‘del norte’ se las están haciendo pasar canutas. Es más, Telefónica y Repsol también andan por allí, y no regalando cosas precisamente.
Hay otros españoles que trabajan en Bolivia. Concretamente los integrantes del proyecto ‘Hombres nuevos’ llevan años conviviendo con los marginados de aquél país. El Obispo dimisionario de Palencia, Nicolás Castellanos, decidió en 1991 cambiar el cómodo sillón del Obispado por la experiencia de vivir pobremente como cooperante, entre los más necesitados de aquél país.
A los oídos de un grupo de malagueños, y a través de un joven médico voluntario en aquella zona, llegaron los ecos de una actividad que no nos es totalmente desconocida para los costasoleños: la zafra. No hace mucho, aun veíamos por la zona costera unos hombres ennegrecidos por el humo proveniente de la quema de la caña de azúcar, paso previo a la corta de la misma.
En Bolivia, muchas familias viven de ese cultivo utilizando unas chabolas como alojamiento. La zafra la hacen todos, por eso se desplazan los mayores y los niños a las propias plantaciones. Los mayores, trabajan directamente con las cañas, y los niños suministran agua que han de buscar en lejanos riachuelos de aguas pestilentes y de un sospechoso color marrón. Por lo tanto no van a la escuela. Por 1200 dólares -unos 1000 euros- se consigue lo siguiente: un pozo, con su bomba correspondiente, aguas mínimamente decentes para el consumo, y un grupo de niños que pueden ser escolarizados por los voluntarios de hombres nuevos.
Conclusión: Esta semana se han enviado 2000 € a dicha fundación desde Málaga. Un montón de familias de dos plantaciones bolivianas van a ver sus vidas transformadas y mejoradas ostensiblemente. Un pequeño golpe en las carteras de treinta personas ha hecho patente el ‘milagro’.
Otra forma de cooperar es ‘rajar’: de Evo Morales o de sus contrarios. Esta es más eficaz. ‘A dios rogando…’. La solidaridad pasa por el bolsillo. Y lo demás son cantos de sirena.