La buena noticia
Manolo Montes

Las frías noches de invierno

Este fin de semana volvía a casa de madrugada mientras los termómetros callejeros nos castigaban con una temperatura de tres grados. Desde el interior de mi coche y enfundado en mi abrigo me decía para mis adentros aquello de “ande yo caliente…”. Me paré en el semáforo de los antiguos pabellones militares esquina a Eugenio Gross. En el alfeizar de la ventana de una entidad bancaria un hombre, cuyo rostro no pude ver, se arrebujaba en una manta bastante nueva. A su lado un cartón de vino "bastante perjudicado" daba fe de que su propietario se había calentado por dentro. En otras ocasiones me habría dedicado a fantasear mentalmente sobre las circunstancias de la vida de aquél hombre. He llegado muchas veces a pararme a hablar con los transeúntes y a preguntarles el porqué no se van a un albergue o se acogen a alguna institución. Siempre esgrimen su libertad y su derecho a vivir donde y como quieren.
Esta circunstancia tranquiliza conciencias pero, a mi personalmente, me deja inquieto. Pienso que hay que profundizar más y localizar la raíz de esa decisión de vivir “de otra forma”. Y hay personas que lo hacen a fondo.
La pasada semana ha fallecido el Abate Pierre, un francés de 95 años condecorado con la Legión de Honor, a cuyo entierro han asistido las primeras autoridades galas y cuyo funeral se ha realizado con honores de Estado. El Abate Pierre pasó su vida luchando por los marginados y los sin techo. Se hizo famoso en 1954 por su llamamiento a favor de los pobres divulgado por radio Luxemburgo. Fundador de los Traperos de Emaús, su vida fue una constante denuncia a favor de los marginados. Hizo colectas en el metro de París, fue diputado francés durante años, y en Francia su carisma fue comparado con el de Teresa de Calcuta. En España, muchas noches del frío invierno cientos de voluntarios también salen a las calles a llevar amor y calor a los que viven entre cartones.
Estas fría noches, entre cartones o debajo de las barcas en la playa, un montón de hombres y mujeres "sin techo" siguen recibiendo la visita de Dios en forma de sopa y leche calientes. Y sonrisas que calientan el corazón. Aunque salgan de cuerpos pecadores como el del Abate Pierre. Hasta en eso ha sido "distinto". Con gran escándalo de algunos ha confesado en un libro sus pecados. A mi me parece que su gesto es extraordinario. Tan extraordinaria como fue su equivocación. Acércate al transeúnte. Tú eres su única familia.