

La buena noticia
Manolo Montes
La consulta del seguro
Uno es consciente de su dilatada edad cuando nota los síntomas de la PV. El indicio más evidente de que se encuentra en esa fase de la vida, se manifiesta cuando visita más de la cuenta la consulta del médico. (Para los lectores menos duchos en la jerga "científica", les aclaro que PV significa "puñetera vejez" en roman paladino).
Cuando se es joven, se visita al médico una vez cada cinco años para pedir un certificado, curar un hueso roto, o aliviar una gripe de aúpa. Si se está en la PV, cambia la cosa; en cuanto notas un bultito extraño, toses tres veces, o lees en el periódico los síntomas de una nueva enfermedad que, curiosamente, coincide exactamente con los tuyos, te encaminas a tu médico de cabecera como borrego que se dirige al matadero. Curiosamente, este momento coincide con la "generosa" observación de algún amigo que te dice sin preguntarle -tienes mala cara, ¿te pasa algo?- tú, te miras en los bolsillos para ver si tienes en regla los papeles de "El Ocaso", y te preparas para lo peor.
A lo largo de mi vida he pasado por distintas consultas del seguro.
Después de una, muy pequeña, sita en una casa particular reciclada del Puerto de la Torre, he ido pasando por distintos lugares y médicos, hasta llegar a las extraordinarias instalaciones recientemente inauguradas en Teatinos. Por cierto, para llegar a este ambulatorio, tengo que pasar por otro recién inaugurado en La Colonia de Sta. Inés. ¡Misterios de la administración!
Antes, había que levantarse al alba, ponerse en una cola, y a eso de las 10 de la mañana, te daban cita para tres días después a las 14'32. Después pusieron la cita telefónica, que obtenías tras haber agotado tu teléfono y tu paciencia para conseguirla. Y, finalmente, ¡oh, milagro!, el fabuloso método de la cita por Internet. El jueves de madrugada, en medio de un ataque de tos, griposa y recalcitrante, me agarré al ordenador, como el que se aferra al último tablón del Titanic, y conseguí en 30 segundos una cita para el mismo día a las 12'24.
Lo único que no ha cambiado en todo este proceso es el desenlace. Te diriges con media hora de antelación a la consulta, sabiendo que tendrás que esperar.