La buena noticia
Manolo Montes

La primera invitación de Navidad

En estas fechas se reciben multitud de invitaciones para comidas, meriendas, cenas y hasta algún desayuno para conmemorar estas fiestas. Cada día tenemos que ir, más que nunca, agenda en ristre para tomar nota de las diversas invitaciones recibidas para celebrar las Navidades. Cada vez se anticipan más estos ágapes. A mediados de noviembre recibí la primera invitación para la cena de Nochebuena. Después se han sucedido las convocatorias e incluso celebrado ya alguna de ellas.
Aquélla primera invitación de mediados de Noviembre estimo que fue la más práctica y original. Se trata de la tradicional Cena de Nochebuena del Comedor de Santo Domingo. Por la modesta cifra de 6 € (mil pesetas de las de antes) te invitan a compartir esa noche tan especial con "Inmigrantes, enfermos mentales, familias sin recursos y ancianos".
La invitación a dicha cena de Navidad es muy ingeniosa. Te invitan a un acto en el que no vas a ingerir ningún tipo de alimento, ni tan siquiera vas a asistir "in situ" al mismo. Se trata de un "invento" que es muy original, y a la vez, práctico.
El COMEDOR DE SANTO DOMINGO, que los 365 días del año invita a pobres a su mesa, nos ofrece la oportunidad de colaborar con su obra propiciándole a sus acogidos una opípara cena de Navidad en la que se van a encontrar en su medio habitual y en la que no tienen por qué tener enfrente a un desconocido.
Inmediatamente he aceptado tan original invitación. Ya lo llevo haciendo varios años. He pagado religiosamente mi aportación y me he comprometido a sentar en la mesa de mi corazón durante el resto del año a ese pobre (que a lo mejor no lo es de dinero) que posiblemente necesite de mi comprensión y mi conversación; mi presencia y mi escucha.
Por cierto. Una cosa curiosa. Con la papeleta para asistir a la cena dan un número para la rifa de un MP3. No se que es ese bicho. Pero me imagino que es un artilugio para andar por la calle con dos auriculares en los oídos como un zombi. He roto el recibo inmediatamente, vaya que me toque y tenga que ir por la calle sin oír a los demás. Eso es lo que me faltaba. La sociedad mediática va a acabar con la verdadera comunicación. Otra forma de empobrecer y de empobrecernos.