La buena noticia
Manolo Montes

Ateos por la gracia de Dios

Cada día me voy encontrando más personas que no dudan en confesar su falta de fe sin ningún tipo de reparos. Me parece muy bien porque esta actitud manifiesta una libertad de expresión y una confianza entre ambos interlocutores. En tiempos de un cristianismo mal entendido esta simple aseveración hubiera servido para marcar una barrera por lo menos en lo referente a los temas espirituales.
Hoy en día sucede todo lo contrario. Cuando alguien que conoce mi identificación evangélica se manifiesta tan abiertamente, un espacio de luz se abre entre nosotros y la conversación se hace fluida e interesante. Hace muchos años me enseñó Frère Roger de Taizé a buscar en los demás aquello que nos une y no incidir en lo que nos separa. Esta actitud trae consigo un acercamiento y un encuentro positivo que acendra el conocimiento y posiblemente la amistad y la luz.
Precisamente el sábado pasado, en un almuerzo con periodistas, coincidí con un inteligente profesor de universidad bastante más joven que yo. Tras confesar nuestro común amor por Roma, se estableció una conversación en la que comparamos la creencia en Dios con la creencia en el hombre y llegamos a muchos pensamientos comunes. Otrora, quizás habríamos intentado hacer prevalecer nuestros criterios y llegado a lo que eufemísticamente se denomina "contraste de pareceres" que no es más que una abierta controversia.
A medida que me hago más mayor, y en contra de lo que sería lógico, me hago más cercano a la comprensión de las ideas ajenas y a tener menos certezas, pero más firmes. Y creer más en la "Y". Menos dividir "y" más sumar.
La buena noticia de hoy es que se celebra el día de la Iglesia Diocesana, en la que, ni son todos los que están, ni están todos los que son. Tengo la seguridad de que es hora de dar "cuartelillo" a ese Pueblo de Dios formado por hombres de buena voluntad que quizás no pertenecen a esta Iglesia tan maravillosa que tan mal sabemos presentar.
Dice Roger Garoudy, "La fe es la decisión de vivir con la certeza de que lo que es, no lo es todo". Por la tanto ya va siendo hora de que los cristianos no presumamos de verdades absolutas. Nuestra fe debe aproximarnos a los que no la tienen con el fin de compartirla. La fe es como el amor, mientras más se transmite, más se tiene.