

La buena noticia
Manolo Montes
La otra palmilla ( I )
En las aulas de la Facultad de Ciencias de la Comunicación se sigue indicando, (a veces con la boca pequeña), el objetivo de la Prensa: Formar, informar y entretener. Los que pretenden ser más "exquisitos" difieren de estos criterios alegando que en la práctica se confunde el concepto formar con adoctrinar. Posiblemente aquellos que así se manifiestan, son los que subrepticia y sibilínamente utilizan los medios para la propaganda, así como manipulan la información a su antojo. Así, vemos programas y cadenas enteras con espacios divulgativos y de información tendenciosos. Estos, en vez de informar, desinforman; en vez de formar en libertad, lo hacen en función de sus criterios e intereses.
La semana pasada, se presentó un programa en una cadena privada que ha levantado una gran polvareda. Se trata del espacio de la Cuatro "Callejeros". En él se analizó la situación de las barriadas malagueñas Palma-Palmilla. Desde el punto de vista audiovisual, el trabajo del pasado viernes tuvo ritmo, cierta gracia, un buen estilo periodístico, una excelente realización técnica y, sobre todo, un contenido interesante. En una palabra, enganchó al público. Pero… le faltó la segunda parte. Una verdad a medias es una gran mentira. El gran publico de toda España (y del mundo entero, You-tube presenta ya los fragmentos más importantes) ha conocido la parte más sórdida y depauperada que dicho barrio puede presentar.
La Palmilla es una barriada que ha recogido la herencia de generaciones a las que difícilmente ha podido llegar la cultura por falta de medios. Sencillamente, durante muchos años, bastante tenían con buscar los garbanzos de cada día. Un barrio-gueto que ha recogido los supervivientes de zonas marginales derruidas por la especulación urbanística. Algunos de ellos, procedentes de unas barracas que se derruyeron para no ser vistas desde la Rosaleda durante el mundial del 82. Los políticos miran para otro lado. El tema es de difícil solución y de poca rentabilidad política. Pero hay otro grupo de personas que trabajan allí. En la Palmilla hay mucha gente humilde que lucha por la promoción de su barrio. Otros vienen de fuera a echar una mano. Un grupo de Asistentes Sociales intenta mejorar el status social y sacar de la pobreza y la marginación a muchos de sus habitantes. Dos Parroquias con sus Caritas, varias comunidades de monjas, alguna Iglesia Protestante y un montón de voluntarios de todo tipo se parten el pecho por sus semejantes.