

La buena noticia
Manolo Montes
Un médico con talento
No se ha hablado de otra cosa durante esta semana que del fallecimiento de un joven futbolista del Sevilla. Este hecho ha trascendido de lo deportivo y lo geográfico, y su, a mi parecer, excesivamente detallado desenlace ha inundado la prensa y la televisión. El que hayan sucedido los hechos en pleno partido de fútbol ante las cámaras en directo un día de máxima audiencia, ha ayudado a maximizar la visión de un accidente gravísimo sufrido por un joven en su trabajo, similar a una cogida de un torero o un accidente de moto, coche o bicicleta de un deportista, que igual da.
La noticia se ha "estrujado" por activa y por pasiva. Se ha recurrido a cuantos parientes, amigos, compañeros e "hinchas" podían aportar la más mínima novedad a una vida que, pese a ser corta, ya estaba llena de anécdotas y de triunfos. Hemos sabido de su próxima paternidad, sus antecedentes bético-sevillistas, de su gran presente en la selección española y, sobre todo, nos han repetido hasta la saciedad su último gol en una final europea.
Un médico con talento, y esa es MI BUENA NOTICIA DE HOY, nos ha hablado de una proeza que, como si de un nuevo Cid se tratase, ha realizado después de muerto. Su último gran gol. Los hechos fueron los siguientes: Un médico cardio-vascular ligado a la faceta deportiva cuyo nombre no pude recoger desgraciadamente, fue preguntado por un entrevistador, con deseos de encontrarle los tres pies al gato, sobre la ubicación del futbolista en estos momentos. El periodista, con cierto "rin-tin-tin", como diría una neo-presentadora de la tele, aduciendo las firmes convicciones religiosas del médico, intentó dar otra vuelta de tornillo al galeno. La respuesta fue contundente; está en la Gloria, nunca mejor dicho. Su muerte no ha sido en vano. Una ciudad, dividida en dos sectores irreconciliables animados en su "odio" por unos dirigentes irresponsables y propiciado por la prensa sensacionalista, estaba a punto de dar motivo a una situación en la que se iba a pasar de las pintadas y los insultos a los hechos, posiblemente graves. Parece ser que se ha hecho cierto el pensamiento del escritor del XIX, Joseph E. Renan: "Los golpes de la adversidad son muy amargos, pero nunca estériles". Hemos visto abrazarse a los dirigentes del Sevilla y del Betis. Hemos aplaudido cuando le brindaban goles jugadores de su equipo y del contrario. Más a mí quien más me emociona es ese niño que va a nacer. Ese trozo de vida del jugador Antonio Puerta, un niño que cuando algún día lo pueda entender, espero que alguien le diga: tu padre fue un gran futbolista, pero sobre, todo consiguió que media Sevilla se abrazara con la otra media, que los "béticos y los palanganas" se fundieran en un abrazo, y que por una vez no se miraran con odio los unos a los otros, sino que mirarán en la misma dirección.
La del que se ha marchado con el Padre.