La buena noticia
Manolo Montes

No lleve su niño en brazos

Uno de los primeros eslóganes que emitían aquellos programas radiofónicos de los sesenta, proclamaba utilizando un dudoso sentido de la rima: "No lleve su niño en brazos, habiendo coches a plazos", e inmediatamente recomendaba una casa comercial que ponía al servicio de los clientes la compra de un cochecito de niño en cómodos plazos mensuales.
Cuando nació mi primer nieto, (actualmente ya he "juntado" ocho y medio), me dirigí a un Bazar para comprar un cochecito para el neonato. - ¿Qué tipo de coche quiere Vd.?-, -el mejor que tenga- contesté yo con acento entre ofendido y petulante. Cuando me dijo el precio, calculé inmediatamente que su importe era superior al del primer 600 que compré a mis veinte años. Aguanté estoico el tipo, y haciendo de tripas corazón, aflojé el dineral, por una vez y sin que sirviera de precedente.Toda esta historia se me pasó por la mente cuando recibí la pasada semana una llamada de una monja de la Palmilla. -Me hacen falta diez cochecitos de niño-me dijo a bocajarro. De entrada le contesté: -cuenta con ellos-... No se de donde los voy a sacar. Pero seguro que los conseguimos. Las cosas de la vida, mientras los políticos se suben los sueldos, los constructores e inmobiliarios hacen regalos de alta cuantía a quien no los necesita, en la Palmilla diez madres transportan sus niños en brazos porque no tienen para cochecitos infantiles… ni a plazos.
LA BUENA NOTICIA DE HOY es que todavía funciona el correo de la buena leche. Yo lo envio a través en este periódico, lo proclamo en una emisora de radio, y lo transmito boca a boca. La cosa funciona. Sin ir más lejos, el pasado viernes, en medio de una corrida de toros en el Rincón, alguien me dijo:-¿es verdad que necesitas cochecitos?-, ante mi respuesta afirmativa, sentenció: -el lunes te llevo uno-. Mi buen amigo y maestro Pepe García en una de sus columnas nos pone en guardia acerca de algunas ONGs que se han convertido en el timo de la estampita (versión ayuda al necesitado). Yo sigo creyendo en la gente, sobre todo en mi gente, por eso me he metido en la aventura de participar en la creación de una ONG. Y es que pienso que tenemos que hacer el favor a nuestros amigos de que compartan de lo que les sobra, y si tienen narices, de lo que les falta. Decía el Dr. Albert Schwitzer, premio Nóbel de la Paz: "No sé cuál será mi destino, pero se una cosa; los únicos verdaderamente felices serán los que hayan buscado y hallado el modo de servir a los demás". Porque lo que está claro, es que nosotros nos podemos quitar de una copa o de cualquier otra cosa y "estirarnos" un poco. Que no lleven su niño en brazos mientras haya monjas de la Palmilla que se preocupen de que tengan un cochecito. Las manos de Dios de nuevo en marcha. Todos podemos ser las Manos de Dios.