

La buena noticia
Manolo Montes
He venido
a servir(I)
El sábado estuve en unas Bodas de Oro. Creo que he asistido a tan pocas que posiblemente no lleguen a la media docena. En los tiempos que vivimos, la fidelidad a las personas o a las ideas no es considerada un valor vital. El cambio de chaqueta, de ideas o de pareja, está a la orden del día en nuestro mundo. Nos movemos con facilidad en el campo de los derechos antes que en el de los valores. Como consecuencia, el egoísmo prima sobre el servicio. Por eso, encontrar alguien que dedica cincuenta años de su vida a servir a algo o a alguien es muy difícil. Las bodas de oro a las que había asistido anteriormente eran matrimoniales. Sin embargo, en este caso, se trataba de unas Bodas de Oro Sacerdotales. Cincuenta años de cura, siendo fiel a un compromiso con el Señor y una puesta a su servicio bajo el lema evangélico: “He venido a servir. No a ser servido” es un gran logro. LA BUENA NOTICIA que les quiero transmitir hoy, la viví el pasado sábado en el Seminario Diocesano de Málaga. Fernando Jiménez Villarejo, un sacerdote malagueño, celebraba sus Bodas de Oro Sacerdotales. Y lo hacía rodeado de familiares, compañeros y amigos. Unos centenares de personas que le testimoniamos nuestra admiración y respeto. En las Bodas de Oro se suele presentar por parte de algún testigo cualificado una relación de logros familiares, obras y trabajos desempeñados, anécdotas y vivencias compartidas así como de adhesiones espontáneas tanto por los presentes como por los ausentes que justifican la imposibilidad de su presencia. El caso de Fernando es distinto. Nacido en una familia supernumerosa, la vocación familiar le encaminaba hacia el Derecho, pero un día, una extraordinaria película: ‘Balarrasa’, despierta en él una vocación hacia el servicio de la Iglesia que marca su destino por completo (alguien debería comentarle a un ateo militante, su tocayo Fernán-Gómez, las consecuencias de aquella extraordinaria película. Dios bendiga a Nieves Conde). Ese misionero español en Alaska fruto del talento cinematográfico, le marca de tal forma, que cambia el Derecho por el Seminario, recibe el Sacramento del Orden Sacerdotal y se incorpora a las misiones en Rodesia, hoy Zimbawe, en plena África negra. Tras unos años en parroquias y diversos cargos en la Diócesis de Málaga, vuelve a irse de misionero a Caicara del Orinoco en la Venezuela profunda. Finalmente recala de nuevo en Málaga donde ejerce el pluriempleo apostólico.