La buena noticia
Manolo Montes

Primeros viernes

Hace muchos, pero muchos años, un grupo de zagalones de catorce o quince años, nos reuníamos a la sombra de la Iglesia del Sagrado Corazón, en un local que tenían los Jesuitas con entrada por calle Pozos Dulces. Allí conocimos un cristianismo distinto, adaptado a nuestra edad, bastante práctico y gratificante. También pasábamos por las novenas y devociones, entre ellas, la de los nueve primeros viernes. Aprendimos a valorar, vivir y fomentar la amistad. Cuarenta y cinco años después, los niños de aquella época seguimos reuniéndonos puntualmente los primeros viernes de cada mes para compartir la amistad y el arroz, las añoranzas y el presente, las alegrías y alguna tristeza. Fue especialmente emocionante el día en que nos acompañó el Padre Carbonell, un jesuita joven en aquellos años y joven en los presentes a pesar de sus ochenta y tantos años. Él nos preparó para ser hombres solidarios y cultivadores de la amistad… Nos casó a muchos e incluso ha consolado ya a alguno ante su fracaso matrimonial. La buena noticia de hoy es que es posible vivir la amistad si se valora y alienta. En aquellos lejanos años sesenta nos proponíamos y casi siempre conseguíamos arañar la utopía. Unas veces era crear un equipo de fútbol, otras formar un gran grupo musical (el de más corto recorrido en la carrera musical, una sola actuación en el Cervantes: los Satélites). En una ocasión estuvimos velando a un anciano sin familia, en otra barrimos, fregamos y blanqueamos un corralón del Molinillo. Un montón de ‘heroicidades’ que nos dejaron a las puertas de la ‘mili’, el trabajo y la boda y los hijos. Nos seguimos encontrando en la amistad. En los tiempos que corremos es difícil vivir lo que sentenciaba Ralph W. Emerson: “un amigo es una persona con la que se puede pensar en voz alta”. Hace unos meses tuvimos a uno de nosotros en la UVI y el resto detrás del cristal, en otra tuvimos que ‘obligar’ a un ‘faratado’ a operarse de corazón. La amistad es como los glóbulos blancos y rojos que se agolpan ahí donde surge el problema. El análisis de sangre de este grupo de amigos da buenos datos. Decía un tal Ed Cunnigham: “amigos son aquellos extraños que nos preguntan como estamos… y ¡se esperan a oír la contestación!” Se están perdiendo el valor de la amistad. Posiblemente porque los jóvenes están viviendo en el individualismo más acendrado. Quizás es que les sobra muchas cosas y les falta demasiadas. Creo que debemos explicar y facilitar a las nuevas generaciones la posibilidad de compartir sus vidas y sus ilusiones, como fomentar sus habilidades y sus iniciativas. El que tiene un amigo tiene un tesoro. Cicerón dixit: “La vida no es nada sin la amistad”. Yo creo que soy el más rico del mundo.