La buena noticia
Manolo Montes

Carta abierta a Pepa

Una americana agradecida, Ana Jarvis, consiguió a principios del pasado siglo que se reconociera a escala mundial el primer domingo de Mayo como día de la Madre. En mi juventud, en España, se celebraba esta fiesta el día de la Inmaculada. Es lo mismo, la fecha conmemorativa no importa. Lo verdaderamente básico es, que por lo menos una vez en el año, pongamos en su lugar a esa figura que aun no ha sido cuestionada ni siquiera por los enemigos más acérrimos de la familia.
Hoy, me ha cogido el día tonto, y mi BUENA NOTICIA se la voy a dedicar a Pepa, mi madre, una mujer como tantas otras que ha sufrido los avatares de una guerra incivil, una posguerra difícil, vivida con una digna escasez de medios y una prematura e injusta viudedad. Las madres son especiales, tienen una extraordinaria capacidad de afrontar las dificultades sin un excesivo alarde de sufrimiento. Pepa, aprovecho su temprana soledad para reintegrarse al magisterio a una edad en la que es muy difícil reconducir una vida. Con gran esfuerzo se ganó a pulso una merecida jubilación que le permitió una independencia económica que la vida le había negado.
Una historia de madres más. Una BUENA NOTICIA. Pero yo no tenía otro medio de felicitarla hoy. Ahora ocupa un apartamentito en la Basílica de la Esperanza, justo detrás de la Virgen. Bueno, ahí está algo de ella. Lo importante está en el fondo de nuestros corazones. En el de un montón de hijos, nietos y biznietos que recordamos a Pepa con su sonrisilla de complicidad mientras sacaba de un rincón desconocido esos billetillos que han salvado tantos apurillos económicos de los jóvenes.
Poned el nombre de vuestra madre al principio de estas letras, y estaréis hablando de la vuestra y el de la mayoría de las madres. Con gran talento, Juan Pablo I, el Papa que habló poco (porque no tuvo tiempo para más), proclamó la figura de Dios como el Padre-Madre. Ciertamente la figura de la madre recoge totalmente el Amor que Dios nos tiene, y el Amor de Dios lo podemos imaginar comparándolo con el que nos transmite nuestra madre. Así son las madres. Alejandro Dumas, padre, decía que “una madre perdona siempre; ha venido al mundo para eso”. Igual que Jesús.
Por eso hoy recuerdo a Pepa sin pena. La veo con la esperanza que da su presencia en mi corazón y en el de los suyos. Ese es el regalo mutuo que nos hacemos. Este no se puede comprar en el Corte Inglés. La buena leche hay que mamarla.