La vida de las Carmelitas

En este convento existen dos horarios diferentes a lo largo del año y la diferencia entre uno y otro es de una hora. El primero de ellos, se inicia el día de la Resurrección del Señor y finaliza el catorce de Septiembre, que es cuando se inicia el segundo horario anual.

Actualmente, las monjas de las Carmelitas, si desayunan todos los días porque tienen una hora más, pero a partir del catorce de septiembre, no desayunan porque viven el tiempo del ayuno.

La hora oficial de levantarse es a las seis y media de la mañana y normalmente se acuestan cerca de las una de la madrugada.

Cada semana hay una hermana que se encarga de despertar al resto de la comunidad a través de unas tablillas que son muy estrechas, tienen un puño con una tablita que está fija en el centro y dos a sus lados que se mueven, la hermana las hace sonar y le da tres golpes a la tablilla en tres puntos distintos del convento, y despierta así a todas las Carmelitas.

Además de las tablillas, se despiertan con unos cantos que anuncian la llegada del nuevo día, y dicen “Alabado sea nuestro Señor Jesucristo, y la Virgen María su madre, a la oración hermanas, a la oración”.

Después, a las siete de la mañana, se reúnen en el antecoro de la iglesia, y esperan a que llegue la hermana venidora del toque de la campana y entran al coro formadas en dos filas, entonces, comienzan los rezos del Ángelus. Estos rezos, cada semana los dirige una hermana diferente y después se celebra el antiguo Oficio Divino que actualmente se denomina Liturgia de las Horas, a continuación , se procede al rezo del Laure, esta es la oración de la mañana y está compuesta por un himno, tres salmos, una oración breve, el rezo del veredicto y las peticiones por todo lo que ocurre en el mundo y los rezos particulares que hace cada Carmelitas.

Después se reza la primera parte del Rosario de la Virgen y cada hermana hace una oración mental.

A las ocho en el interior de la iglesia, se celebra la misa y le sigue el Rezo de Tercia.

El desayuno
Alrededor de las ocho y treinta, todas las hermanas pasan en silencio al desayuno, allí no habla entre ellas, y cada una se levanta cuando acaba y se dedican a asearse y arreglar sus celdas, hacer la cama, ventilar, arreglos, etc.Otras, las más rápidas además de hacer sus celdas, les da tiempo a ducharse.

El viernes es la jornada más agotadora para las hermanas del convento, es el día de la limpieza general, además de limpiar a fondo cada una de sus celdas, tiene que hacerlo con el resto de las dependencias del convento.

Después, cada una se entrega a su oficio. Algunas trabajan en el torno, mientras otras realizan la limpieza de la sacristía o del patio, o a preparar la comida que van a tomar en el almuerzo. Las hermanas enfermas salen al médico, que es para lo único que salen las monjas de esta orden. Aquellas hermanas que no desempeñan ningún oficio en el convento, se dedican a hacer los bordado y arreglos de los encargos que hay que efectuar para la calle. Estos bordados antes se hacían a mano, pero era un trabajo muy pesado para ellas, estropeaban la vista, no rendía, y además no estaban bien pagados.

Luego, las hermanas del convento compraron unas máquinas eléctricas y así los realizamos actualmente. “Actualmente tenemos muchos encargos de Vélez, de la Comarca y de Madrid., nos mandan las telas y nosotras efectuamos las bordados, se trata de aligerar el trabajo porque hay muchos encargos y no pueden retrasar la recogida de los clientes”, afirma la priora.

Este tiempo de trabajo dura hasta las doce y cuarenta y cinco, luego se retiran al coro a rezar tercia, sexta y nona, y hacer individualmente un examen de conciencia.

El almuerzo
A las una de la tarde vuelven al refectorio para almorzar. Mientras la comunidad come, en una especie de púlpito cada semana, una hermana lee un capítulo de las constituciones, excepto los viernes que se leen la reglas de la orden y además se hace la lectura de la misa del Evangelio del día siguiente. Al mismo tiempo hay otra monja, que con un delantal blanco, sirve al resto de las monjas. Las hermanas que terminan antes de comer las suplen para que están puedan sentarse en la mesa y comer.

Finalizada la comida, dan gracias al Señor y se marchan a la sala de recreación donde durante una hora se hacen labores de bordados, coser, planchar, etc, y además conversan entre ellas.

Después de esa hora de recreo, se marchan al coro alto y rezan una oración al Santísimo, después hay una hora de siesta para aquellas que quieran dormir o para en leer en el interior de su celda.

A las cuatro hay rezo de nuevo y cuarenta minutos de lectura espiritual pero esta se efectúa de manera individual, cada monja elige el que mejor le venga para su alma, lo prefieren en lugar de hacerlo en común.

A las cinco de la tarde hay tiempo de nuevo para continuar en sus oficios. Este tiempo dura hasta las ocho de la la tarde que es cuando se se procede a una lectura y una hora de oración de la segunda parte del rosario.

La cena
A las nueve menos cuarto comienza la cena en el presbiterio, y se desarrolla del mismo modo que la comida. Después de cenar, hay una hora de recreación, este es un rato de expansión, de charlar entre ellas como les ha ido el día, las experiencias, etc.

Sobre las diez y treinta vuelven al coro y rezan al completo la última hora del oficio divino. Es el momento del silencio, pero esta vez riguroso, y dura hasta las once y treinta que será cuando vuelvan por última vez al coro para hacer el oficio de lectura de la última parte del rosario, esto dura hasta las doce y cuarto. A las una toca la señal de descanso hasta el día siguiente.