Política y jóvenes

Martes 9 de Octubre de 2007

La política ha ido perdiendo peso en nuestra sociedad a lo largo de las últimas décadas. Es fácil escuchar entre los más jóvenes manifestaciones en las que se reflejan un alarmante pasotismo hacia la política, una actitud que luego se traduce en forma de abstención en las elecciones.
En otra época, hace más de 25 siglos, a aquellos que en Grecia pasaban de la política, o sea, no participaban de ella y se dedicaban sólo a sus menesteres personales, lo llamaban, de manera despectiva, ‘idiotés’, voz que luego ha adquirido un sentido parecido en nuestra lengua.
La política ha ido perdiendo su verdadero sentido, desvirtuada por la forma de proceder de sus principales actores: los políticos. Estos han ido generando una gran insatisfacción entre los ciudadanos, no sólo entre los jóvenes que comienzan a vivir en sociedad, sino entre aquellos que llevan algunos años en este mundo.
Hemos escuchado a lo largo de la historia numerosas referencias hacia la política. “La ciudad (polis) es una de las cosas que existen por naturaleza; y el hombre es, por naturaleza, un animal político”, comentaba Aristóteles; “La política es un acto de equilibrio entre la gente que quiere entrar y aquellos que no quieren salir”, decía el clérigo francés Jacques Benigne Bossuet; “La política es más peligrosa que la guerra, porque en la guerra sólo se muere una vez”, comentaba el político británico Winston Churchill; o “La política no es una ciencia exacta”, clamaba Otto von Bismarck
En la actualidad también encontramos muchas definiciones sobre este ámbito de nuestras vidas, que se encarga de administrar los intereses comunes de los ciudadanos en pro de una mejor sociedad.
Es necesario que los jóvenes se preocupen más por ella, muestren un mayor interés por conocerla, aunque para algunos de ellos, como es el caso del concejal de Medio Ambiente en el Ayuntamiento de Vélez, David Boza, sea “como un mundo de lobos”.
Nuestra democracia exige políticos responsables, que sepan darle un sentido a la política y generen un profundo entusiasmo entre las nuevas generaciones, algo que es clave para el mantenimiento de nuestro sistema democrático.