Tan jóvenes y tan viejos, haciendo mucho, mucho ruido y con las caprichosas musas siempre de su parte, Sabina y su primo el ‘Nano’, que no le toca nada y es su hermano, desembarcaron el pasado sábado en el muelle agitado de miles de corazones malagueños, para inundar de poesía y buena música una velada calurosa y esperada desde hace meses.
Allí estaban las Penélopes y las Lucías de Serrat, las princesas reformadas de Sabina, que aparentan usar sólo la nariz para respirar, las casquivanas novias de nadie, la rubia de la cuarta fila sirviendo whiskys ‘on the rock’, los piratas con caras de malo, la intrépida ‘cholula’ argentina vendiendo bombines sabinianos y garrotes, Miguel Ríos...Allí estaban...pasando de críticos,
pasando de místicos,
pasándolo bien.
Pasando de bodas,
pasando de modas,
pasándolo bien.
Pasando de hippies,
pasando de trippies,
pasándolo bien.
Y todos fueron, y todos fuimos, jueces y parte del inventario musical de una noche imposible de recuperar. Matamos dos pájaros de un tiro durante el vuelo estival por el Mediterráneo malagueño de estas dos aves de paso.
Sentimos a Serrat sacando lustre a una de las canciones más hermosas del Flaco de Úbeda: ‘Y sin embargo’; vibramos con la voz aterciopelada de Joaquinito interprentando ‘No hago otra cosa que pensar en ti’, del maestro del Pobleset.
Y no se olvidaron de Peret, al que homenajearon cantando la rumba ‘El muerto vivo’, lo que hizo subir, inevitablemente, la caldeada temperatura en el abarrotado Auditorio Municipal malacitano: “...y no estaba muerto no, no y no estaba muerto no, no, y no estaba muerto no, no, estaba tomando cañas,lerelele...”
No faltaron la del Pirata Cojo, Mediterráneo, Contigo, Y nos dieron las diez, Esas pequeñas cosas, 19 días y 500 noches, Penélope, Princesa y un variado y seleccionado repertorio de los dos grandes de la música española, que han conseguido que sus seguidores, tan iguales y tan distintos, fueran durante varias horas un solo público, algo que sin duda no es tan fácil y no está al alcance de todos.
Ahora ya sólo nos queda quitarnos el bombín y pellizcarnos para saber que no fue un sueño.