

El Olivo
Antonio García Fuentes
El teléfono:
utilidad y droga
Negar que el teléfono, como cualquier otro medio de comunicación humana es útil, resulta absurdo; pero igualmente hay que analizar ya, lo que es utilidad y lo que es droga o mejor dicho, droga perniciosa. Y el teléfono con la invasión y uso desmedido de la actualidad, ya y para mí, es más droga que utilidad y además, un incordio público, por cuanto casi todo el mundo que padece “telefonomanía”, incordia al más cercano en cualquier lugar, incluso manteniendo charla o conversación con otro; cuando inesperadamente suena “la cantinela” (cuando no desagradable ruido) del “móvil”. O sea que la invasión telefónica, ha fomentado la ya abundante mala educación humana. Pero, ¡Oh el silencio… Oh “la cotorra humana y su parloteo!
Hay que analizar que el teléfono droga y como otras drogas, suele resultar carísimo de mantener y ya hay familias, que el presupuesto para la “telefonomanía”, significa un desequilibrio presupuestario; en detrimento de cosas más necesarias y útiles para la familia o para el individuo; pero en cierta forma lo de la “telefonomanía”, no es otra cosa más, que un significativo malgasto en lo que yo denomino, “necesidades vicio” y las que como tal, inteligentemente hay que dosificar a la pura y simple necesidad. Hace milenios los dijeron los griegos: “Nade en exceso”.
El teléfono no es “un juguete”, puesto que emplearlo como tal es de tontos. Tontura que explotan enormemente bien, “los dueños del tiempo”; puesto que…”vender tiempo es de lo más rentable del mundo, ya que esa materia prima nunca se acaba; veamos los ingresos y las ingentes cantidades de dinero que manejan los vendedores de los tiempos telefónicos, de emisoras de radio y televisión y el más moderno “juguete” cual es la inmensa “selva virgen” que conocemos como Internet”.
Afortunadamente para mí, aprendí a valorar el tiempo telefónico, en los ya lejanos tiempos “de Franco” y cuando el teléfono era un lujo cuasi. En mi época de viajante, era hasta muy normal el indicar a la “señorita” (operadora) que te fuese avisando las fracciones de tres minutos, para cortar a tiempo y no pasar a los siguientes tres minutos; medida gubernamental franquista que como tantas otras, no permitía abusos para el indefenso consumidor… entonces denominado “usuario”. Incluso muchos profesionales, teníamos en el despacho, un pequeño reloj de arena, con ese tiempo (3 minutos) y con él a la vista, regulábamos el consumo para no malgastar dinero.