El desorden
Alejandro Díaz

Antagonismos y agonía de las izquierdas (I)

Como una lluvia lenta de votos que se exilian de las urnas, la izquierda parece perder su lugar en un mundo cada vez más globalizado. El centro y la abstención son la casa ocupacional que ha dado cobijo a unos discursos que no saben movilizar a un electorado perdido y desencantado. No es justo que, elección tras elección, se nos culpe a las nuevas generaciones de la pérdida de representación y financiación que han experimentado las formaciones de izquierdas en las democracias modernas. El socialismo ha vuelto a naufragar en Francia, esta vez, en unas elecciones legislativas que le han dado una mayoría sin precedentes a la derecha que representa Sarkozy. Es paradójico que sea siempre la derecha la que anuncie ‘viajes al centro’, cuando son los partidos teóricamente de izquierdas los únicos que han subido a esos trenes. La derecha sigue en su sitio, defendiendo legítimamente sus postulados neoliberales mezclados con tintes de tradición. Sin embargo, la izquierda ha ido cediendo terreno en pos del poder que le da una clase media que duerme la siesta sedada por el alarmismo y la carencia de mensajes. No es arcaico usar dos términos antagónicos para describir realidades antagónicas como lo son el progreso y el conservadurismo. Lo que no queda tan claro es el punto real en el que quedan las izquierdas en esta partida de ajedrez. A veces, los partidos que llevan la marca ‘socialista’, cuando llegan al poder, desarrollan políticas económicas y laborales muy próximas a los conservadores. La privatización de empresas públicas y la sensación de impunidad ante la precariedad laboral no las cura nadie. Actualmente, Francia es un ejemplo de cómo la izquierda entra en conflicto entre las facciones históricas y las corrientes renovadoras hasta erosionar su representación. Después, hacen encaje de bolillos verbales para unir al centro de Bayrou con la izquierda comunista. Y no cuela. Segolène Royal era imagen, pero no discurso. De este modo, lo que les perjudica no es la abstención, sino que es la abstención la consecuencia directa de la indefinición de muchos partidos que se presentan como alternativas de progreso y ejercen, a posteriori, políticas urbanísticas y económicas muy alejadas a lo que son los preceptos de la izquierda. El talante del diálogo, tan necesario en una democracia, no debe confundirse con intentar atraer votos de todos los sectores. La izquierda pierde un tiempo precioso haciendo guiños a un centro que se confunde con la moderación, cuando el centro es ese hombre del tiempo que para mañana anuncia cielos parcialmente nubosos con posibilidad de precipitaciones y te deja sin saber si lloverá, hará sol o simplemente estará nublado.