El desorden
Alejandro Díaz

Demasiados días

Hay días, demasiados, que los titulares en la portada de los diarios los sostiene el pulso de un interrogante adormecido. Es junio y el calor hace mella en la tensión venida a menos tras la taquicardia efervescente de las municipales y las autonómicas. La resaca electoral también pasó y la democracia parece haber superado, una vez más, su insoportable dolor de cabeza. Hay días que los políticos dimiten y abren paso a los interrogantes de las portadas. Pero hay exclamaciones que se vierten, estrepitosas, de las bocas inconclusas de la calle. Sorprende ver a un político decir adiós. Aún más: una doble despedida puede ser una excepción al cuadrado. Pongamos que hablo de Madrid. La mala educación sigue firmando el parte del concierto público, pero privado. Un ‘piercing’ en la ceja es el motivo por el que ha sido expulsado un profesor de música en Granada. El colegio religioso estimó que era un mal ejemplo. ¿Lección del día? La moral puede habitar lugares insospechados. Por su parte, Rusia decide apuntar misiles nucleares a Europa. Hace calor, pero de pronto huele a frío manchado por el absurdo siempre tópico de las guerras a escondidas. Abro un libro de historia contemporánea y confirmo cómo siempre se está a tiempo de repetir las peores pesadillas. Son muchos más los golpes, pero hasta ahora, ya suman 26 las mujeres que el machismo ha sentenciado. Cuando el extremo llegó a su extremo, ni la ley, ni en este caso, la Ertzaintza, supieron estar a la altura. La Justicia alega que la víctima retiró la demanda. Y así el estado retiró sus responsabilidades. 26 mujeres no son una estadística. Son la peor certeza de que aún en este país queda demasiado machismo por extinguir. En Entrevías tres curas hacen patente la labor para la que al parecer su profeta les encomendó: el principal rito es el de la humildad y la ayuda al prójimo. No hay retablos. Tampoco solemnidades. Sólo demasiada marginación y exclusión a las que una comunidad de personas intenta poner remedio. No es un cuento que susurrar. Es cierto. Pero ya están fuera, su iglesia no les quiere. ¿Qué diría el que expulsó a los mercaderes del templo? Nada, porque seguramente quedaría mudo al contemplar evidencias tan afiladas. Por último, Mariano Rajoy ha propuesto que, cuanto antes, se le ponga letra al himno español. El ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, está dispuesto a cantarlo con pasión. Apuesto a que no será en la final de un mundial. Hay días que los vértices de un diario son tan violentos como una navaja. Hay días que los misiles apuntan de lleno a nuestros corazones y apenas somos unos kamikazes adentrándonos peligrosamente en la indiferencia. Hay días, demasiados.