El desorden
Alejandro Díaz

Ladrillos con levadura

Podemos estar inquietos. El Gobierno ha enviado un comunicado para decirnos que aquí no pasa nada, que la Bolsa no se desploma, que el mercado inmobiliario no entra en crisis. Cada vez que la Bolsa sube, baja o se va de cañas con el Ibex 35, el Gobierno no muestra ningún tipo de interés al respecto. Por eso, la excepcional visita del comunicado desestabiliza mi confianza en la marcha de la economía. Como pensaría Iker Jiménez: algo podría estar pasando.
La Bolsa es uno de los principales indicadores del funcionamiento de la economía de un país. Es decir, que si la economía española va a resfriarse, la Bolsa es la primera en estornudar. Si es un constipado inofensivo o una neumonía con encharcamiento de valores nos lo dirá el tiempo y no Pedro Solbes. En cualquier caso, esperemos que no se contagien demasiado nuestros bolsillos.
No se confundan. Yo no soy ningún doctor en la materia. Tampoco, un aficionado a jugar al ‘Monopoly’ con billetes de verdad. Entre otras cosas, porque no los tengo. Y aunque los tuviera, procuraría meterlos en una cuenta de ahorro. El milagro del pan y los peces es un pasaje bíblico, no una teoría económica. Pero algo sé: cuestión de inquietud. Ya saben: abro un periódico, veo que el Gobierno de mi país me dice “tranquilo, chaval” y procuro informarme. Soy así de malpensado.
Resulta que las principales compañías inmobiliarias que cotizan en este club de niños bien han caído en torno al 6%. Por lo visto, eso es mucho. Vamos, casi un pelotazo inmobiliario, pero en propia meta. El Gobierno explica que no se trata de una caída, sino de un “reajuste de valores que cotizaban en máximos históricos”. Cómo nos gustan los eufemismos y no sólo a los periodistas. Es igual que cuando un asesino se carga a un tipo y al día siguiente se lee en los diarios: “Fulanito ‘dio muerte’ a Menganito”. En fin, que no lo asesinó, sino que reajustó sus máximos históricos cardíacos.
El diario británico ‘Financial Times’, que de esto sabe un rato, publicó un artículo de opinión en el que aseguraba que el mercado inmobiliario español padece “todos los signos de una burbuja a punto de estallar”. Si no le creen a él tampoco, den una vuelta por el barrio. ¿Han visto cómo cierran las oficinas inmobiliarias? ¿Y qué proliferan? Se lo diré: Las oficinas de préstamos rápidos. ¿No será que empezamos a tener una deuda a la que no podemos hacer frente? Es lo que tiene especular. El ‘Financial Times’, en un alarde de filosofía pragmática, también afirmaba: “Los mercados peligrosamente inflados no duran para siempre”. Está claro. Ni el amor dura para siempre. Esto nos pasa por echar levadura a la receta del ladrillo.